miércoles, 29 de noviembre de 2017

La parábola de los dos lobos. Tardarás menos de un minuto en leerla, pero la recordarás toda tu vida

La sabiduría de los indios es sorprendente y un viejo indio trataba de dejarle a su pequeño nieto una enseñanza que le durara para toda la vida y que marcara su camino.

Una noche, se sentó bajo el cielo estrellado y lo invitó a sentarse junto a él. Le platicó anécdotas de su historia que trascendieron y lo convirtieron en el viejo sabio que todos lo consideraban.

Le anticipó que le contaría algo que lo marcaría para siempre y esta fue la conversación que tuvieron y seguramente el pequeño nunca olvidó:

– Sabes, en nuestro interior todos tenemos dos lobos, constantemente ambos tienen una lucha imparable, una pelea tan terrible que no a todas las personas les es fácil lidiar.

– ¿Dos lobos?, ¿cómo es eso abuelo? – con ingenuidad y asombro preguntó el pequeño niño.

– Sí, todos en nuestro interior tenemos dos lobos totalmente distintos; uno es malo porque representa todos los malos sentimientos que pueden existir en un ser humano, la envidia, la ira, los celos, el orgullo, la codicia, el resentimiento, los miedos, la mezquindad, la culpa, el ego, la autocompasión y la arrogancia.

Pero el otro representa todo lo bueno; el amor, la alegría, la esperanza, la generosidad, la paz, la fe, la bondad y la verdad, le dijo el viejo indio a su pequeño nieto.

Entonces el pequeño preguntó, – ¿y quién es más fuerte abuelo?, ¿cuál lobo es el que gana?

Eso mi pequeño depende de cada uno, ¿a cuál lobo alimentarías tú?…

¡Confirmado! Escuchar a personas que sólo se están quejando es malo para tu cerebro


¿Conoces a alguien que se la pasa quejándose todo el tiempo y de todo?

Es bien sabido que si estas en contacto con personas negativas, éstas pueden llegar a afectar las funciones de tu cerebro. Esto lo sabemos por el estudio que ha realizado Trevor Blake, en donde algunos neurocientíficos midieron las funciones cerebrales de personas cuando eran sometidas a algunos estímulos de distintas emociones, pero sobre todo a las quejas.

Al igual que nuestro cuerpo, nuestro cerebro se compone de músculos, los cuales deben de ser ejercitados, y al momento de estar escuchando por bastante tiempo a alguien que se está quejando por todo siendo totalmente negativo probablemente empieces a comportarte del mismo modo que esta persona, y es por eso que debemos ser asertivos ante estas situaciones.


El análisis que se ha realizado ha demostrado que el prestarle atención por más de 25 minutos a las personas negativas llega a aturdirte y hacerte caer en un estado de cansancio mental, de modo que llegas a sentirte muy fatigado o incluso hasta mareado, esto incluye ver material de este tipo en televisión. Dentro del cerebro encontramos el hipocampo cerebral que se encarga de analizar situaciones problemáticas y al bombardearla de tantos conflictos llega a destrozar esta parte del cerebro causando los mareos o cansancio cerebral.

De acuerdo a lo que dice Blake en su teoría, las personas hablan de sus quejas, no tanto por buscar una solución, sino porque quiere que te unas a su enojo e indignación por todo lo que está sucediendo.

Este tipo de sucesos dañan tu cerebro, es como ser un fumador pasivo, no tienes el vicio, pero si lo hueles igual te afectará a largo tiempo.


Debemos tomar muy en cuenta alguna de estas recomendaciones que son básicas para afrontar estos estados de negatividad.

Toma distancia

Como decíamos de los fumadores pasivos, lo mejor es tomar distancia, lo mismo sucede con este tipo de personas, tu cuerpo y tu cerebro te agradecerán el no escuchar a los quejumbrosos, pues es mejor ser dueño de tus propias quejas que tomar las ajenas.

Pide a quien se queja que solucione el problema

De una manera pacífica y tranquila puedes darle el consejo al quejumbroso que trate de buscar una estrategia para resolver su problema y hacerle notar que debe hacerse responsable de buscarle una buena solución. En muchas ocasiones no les parece que solo les des por el lado pues esperan que su queja también sea la tuya, sin embargo, siempre habrá alguno que decida tomar tu consejo y otros, hacerse cargo de darle solución, lo cual no corresponde.

¡Escudos arriba!


¡OJO! es hora de salvar tus neuronas. Cuando no puedes alejarte del quejoso, una técnica que se vuelve una de las favoritas de Blake la cual la tomó del golfista Steve Ballesteros, es el cual imaginarse que una cúpula lo cubría y lo protegía de cualquier adversidad, en muchas ocasiones escuchamos que algunos profesionales como boxeadores o beisbolistas lanzan el grito de ¡Escudos arriba!, mientras se dirigen a sus combates, visualizando este escudo como la capa de invisibilidad que se usa en una conocida película de magos.

El escondite perfecto

Una técnica más podría ser imaginar que estas en un lugar maravilloso en el que nadie más está y aprovechar cualquier momento de tranquilidad, mientras el quejumbroso pasea en un árido desierto, tú sigues paseando plácidamente en tu mundo de fantasía, Blake lo logró imaginando un lugar y después lo conoció.


Así que ya lo sabes, con estas recomendaciones y tu gran habilidad de “oídos sordos” o más vale aquí corrió que aquí murió, estarás cuidando de tu cerebro y con ello, de tu salud mental.

Nunca supliques por amor…

No mendigues amor a quien no tiene tiempo para ti, a quien solo piensa en sí mismo. No lo hagas nunca. No te merece quien te hace sentir invisible e insignificante con su indiferencia. Te merece quien con su atención te hace sentir importante y presente.

El amor se debe demostrar, pero nunca jamás se debe mendigar. El hecho de tener que hacerlo es el más fiel de reflejo de la injusticia emocional, del desequilibrio que vive el sentimiento que cimienta una relación.

Te merece aquel que dice menos pero hace más. No te merece quien solo te busca cuando te necesita sino quien está a tu lado cuando le necesitas y no solo cuando su interés se lo permite. Te merece quien sin esperar nada te lleva dentro, te siente y te hace sentir importante en su vida.


No existe la falta de tiempo, existe la falta de interés
Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad.

También dicen que quien mucho se espera, se decepciona y sufre. Así que tenemos que revisar nuestras expectativas y meternos en la cabeza aquello de “no esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”.

Cuando percibimos lo que los demás hacen o dicen como un fraude, realmente llegamos a sentir dolor. Un dolor emocional que a nivel cerebral se comporta de la misma forma que el dolor físico.

Así que, ¿por qué deberíamos ignorar el dolor emocional? No podemos dejar que el tiempo lo cure sin más, tenemos que trabajar sobre él y extraer las enseñanzas que nos brinda del mismo modo que dejaríamos de tomar chocolate si descubrimos que es el causante de nuestro malestar estomacal.


Esto es muy importante porque socialmente se tiene la falsa creencia de que el malestar psicológico es signo de debilidad y de que, al mismo tiempo, el tiempo curará las heridas sin necesidad de “desinfectarlas” ni de poner vendas o parches para evitar que sangre.

Valórate, quiérete bien
Dedícale tiempo a la gente que se lo merece y que te hace sentir bien. No mendigues la atención, la amistad ni el amor de nadie. Quien te quiere, te lo demuestra tarde o temprano. Por eso, si vives en una situación de injusticia emocional tan alarmante, recuerda:


A quien no te llame y no conteste tus llamadas, no le llames. No busques a quien no te extrañe. No extrañes a quien no te busca. No escribas, no te sometas al castigo de la indiferencia que demuestran mensajes ignorados o silencios infundados.

No esperes a quien no te espera, valórate y deja de mendigar y de rogar amor. Porque, como hemos dicho, el amor se debe demostrar y sentir, pero jamás implorar. Tu cariño debe ser para quienes te quieren y te comprenden sin juzgarte.



Y sobre todo no te olvides del valor de tu sonrisa ante el espejo, quiérete y valórate por todo lo que eres y no por lo que alguien que no te merece te hace entender. Ámate bien y date cuenta de que el hecho de que alguien te descuide no quiere decir que tú no debas hacer lo imposible por rodearte de personas que te quieran en su vida.

“No se me acabó el amor, pero sí la paciencia”

Por mucho amor que podamos sentir por una persona, llega un momento en el que no podemos más, ese momento en el que no queremos volver a luchar, esforzarnos y terminar decepcionadas. No esperamos nada de nadie y tampoco hacemos proyecciones, incluso nuestra creencia en el amor empieza a perder sentido.

Si tu paciencia se acabó, será mejor que reconozcas que no hay nada más que hacer. Lucha hasta donde tus fuerzas te den, si no puedes más, da un paso al costado y sigue con tu vida. Ser Mejor publicó un artículo que te hará reflexionar sobre esta situación. Aquí lo compartimos contigo:

“No se me acabó el amor, pero sí la paciencia”

“Dicen que el amor puede resistir cualquier cosa, queda demostrado pues innumerables historias hablan de amor eterno, de amor a distancia, de amores imposibles que a final de cuentas, terminan por ser triunfadores.

Es verdad que el amor es un sentimiento muy fuerte, que transforma, que trasciende, el amor nunca se cansa, es resistente, el amor nunca traiciona, es fuerte, pasional, vencedor.

No miento cuando digo que el amor que siento por ti es justo como lo describo, te amo, te pienso, te di todo y no me arrepiento, te juro que siento tanto amor, que incluso lejos de a ti, no se agota, amo todo de ti, incluso tus defectos, no me canso de hacerlo, pero es verdad que mi paciencia no da para más, se cansó de darlo todo y no obtener respuesta. Se rindió, se me agoto, mi paciencia se acabó.
Me cansé de regalarte mis mejores besos, de rogar para que me correspondieran, me cansé de tu mirada perdida, de tus sonrisas fingidas, de tus caricias forzadas, de esperar ansiosa tu llegada y de que tantas veces me ignoraras.

Se agotó mi paciencia y ahora me voy, te dejo con tu manera tan soberbia de creerte indispensable, me voy, sigo con mi vida, te dejo solo con tu ego.

Debo admitir que a tu lado perdí el tiempo, te amé tanto y puse mi vida a tus pies, lo más cruel de todo fueron las lágrimas que te lloré, hice tantas cosas por ti con la esperanza de que me amaras, te di lo mejor de ti, pero nada funcionó, me olvidé de mí misma, me olvidé de todo.

Pero ¿sabes qué? Me doy por vencida, me marcho, me rindo, me voy de aquí, lo hago por ese amor que es aún más importante que el amor a terceros, me voy porque entiendo que hay un amor más importante, me refiero al amor propio, el amor a uno mismo, me voy con el corazón roto, me voy amándote, pero con la conciencia plena de que no puedo quedarme con alguien que no sabe amarte.

Niños mimados, adultos débiles: llega la ‘generación blandita’


Suma escolar: padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.

Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos. En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: «La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton». En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

En España, se habla de «educación en valores», pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, «ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito». En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos. Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. «Yo he tenido a un chaval de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen», cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. «Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él».

COMO EN EL RUGBY

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter. «Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso», decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar. Suena a Si, el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.



“Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades que pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda”

Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: «Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades». ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. «La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona», explica.


Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: «Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países». Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: «He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho».

En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: «Trabaja duro. Sé amable», han resumido en los carteles enormes que decoran sus centros. En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores. Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo. Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. «La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo», la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.

La ciencia revela que cuanto más cruel sea un amigo contigo, más podrás confiar en él

¿Alguna vez te has hartado de que tu mejor amigo te juzgue o te regañe por los errores que cometes? Bueno, pues probablemente esa persona que es tan dura contigo también es más sincera y confiable que cualquier otro conocido que solo te halaga y aprueba lo que haces.

Los encargados de descubrir esto fueron investigadores de la Universidad de Plymouth, cuyo estudio publicado en el diario “Psychological Science” sugirió que la amistad genuina es aquella que no conoce límites a la hora de expresar lo que el otro de verdad desea para ti.


Fueron 140 los participantes que estuvieron involucrados en un número importante de situaciones hipotéticas. Algunas de ellas incluían temor al fracaso en una amistad y decisiones que se podrían tomar con tal de aconsejar a un ser querido. El estudio confirmó que las personas que tienden a ser crueles con sus amistades en realidad buscan lo mejor para ellos, de acuerdo a su criterio.

“Se ha demostrado que la gente puede ser cruel para ser amable. Pueden decidir hacer a alguien sentir mal si esto podría beneficiarles en cualquier nivel personal”, aseguró la líder del estudio, Belén López-Pérez.

Así que ya lo sabes, entre más amables sean tus amigos contigo, también es más probable que no les importe tu bienestar, mientras que si alguno te habla con la verdad, realmente demuestra que te quiere y se preocupa por ti.

Acuesta a tus hijos leyendo un libro, no viendo la televisión


Nada resulta tan terapéutico y reconfortante como conseguir que un niño se duerma mientras le leemos un libro. La experiencia de la escucha es clave también para su dominio lector. Además, a través de nuestra voz, llevamos al niño a ese universo fantasía y aventuras donde su cerebro encuentra calma y la invitación a seguir soñando feliz mientras duerme.

Francesco Tonucci es un notable pedagogo italiano que ha basado todos sus trabajos en el estudio del desarrollo cognitivo de los más pequeños. Para él, algo tan sencillo como apagar la televisión y leer un libro a nuestros hijos, es crear grandes lectores el día de mañana. Supone además, acercarlos a un valor que los hará libres, más curiosos y por supuesto, dignos herederos del legado que nos dejan los buenos libros.
Los niños se convierten en grandes lectores en el regazo de sus padres, por ello, no dudes en ser el mejor ejemplo, deja que te vean zambullirte en un mar de letras para que ellos naden en un mar de sueños…

Si bien es cierto que a veces estamos cansados y que resulta más fácil reunirnos todos ante la televisión a última hora del día, piensa que la infancia de tus hijos es muy breve, y el mejor momento “siempre es ahora”. Aprovecha cada segundo y cada instante, haz de ellos tus cómplices ante un libro, deja que el sueño les venza en tu regazo mientras pones el fin a ese cuento. El día de mañana te lo agradecerán…

Un libro abierto es un cerebro que habla y una mente que escucha:Uno de los problemas que solemos tener con los niños en lo que se refiere a la lectura, es que muchos se acercan a los libros por obligación “escolar” y no por placer. Esto no debería ser así. El buen lector se acerca por primera vez a esos océanos de letras en su infancia por pura curiosidad y sutil desafío.


La lectura, como el amor, es la piedra ideal para afinar el alma:Algo tan sencillo como darles libertad a la hora de escoger sus lecturas es algo que siempre trae buenos resultados, pero aún lo es más el que nosotros mismos actuemos como modelo. De hecho, para Tonucci, no hay mejor juguete que un libro y no existe mayor acierto que favorecer la capacidad de escucha de los niños oyéndonos a nosotros leer.